“El deportista es centro
del entrenamiento”

El concepto de alto rendimiento deportivo se concibe actualmente por el hecho de conseguir un resultado, un objetivo o un nivel en el menor tiempo posible. Alcanzar una meta haciendo el camino más corto y rápido. Estamos totalmente marcados por el ritmo de la competición que, en función del resultado, nos define como deportistas. Todo depende de ganar o perder, éxito o fracaso.

Estamos hablando más bien de una definición empresarial en la que el deportista es una mercancía o un producto. El atleta tiene que alcanzar un rendimiento como si se tratase de una máquina o un objeto. Y es aquí donde se comete un gran error, olvidando que el deportista es una persona, un ser humano con una descomunal complejidad y que está en continua evolución.

En primer lugar, un atleta posee un cuerpo único con una morfología muscular y una fisiología del ejercicio que lo distinguen de otros deportistas. Tiene unas capacidades físicas determinadas, una estructura anatómica concreta, unas fibras musculares más rápidas o más lentas, una asimilación del trabajo tangible, una capacidad de esfuerzo real, una vulnerabilidad inequívoca a las lesiones y una recuperación precisa de la fatiga.

En segundo lugar y poco entrenada, existe la mente, que es totalmente indivisible al cuerpo. La mente controla y descontrola todo lo citado anteriormente además de someterse a factores externos que la influencian diariamente. ¿Cómo explicar que un acto físico totalmente controlado no resulte igual en una competición que en un entrenamiento? Es evidente que cuando nos exponemos a situaciones reales, a presiones externas o a la mirada del público, vemos afectado nuestro rendimiento.

Ni el sistema, ni el entrenador, ni la ciencia son el centro del entrenamiento y menos  aún del rendimiento. El deportista es el centro. Él es la ciencia, él es el entrenador y él es el sistema. Nadie conoce al atleta mejor que él mismo, ninguna prueba o barómetro puede cuantificar mejor sus sensaciones. Por esa razón es importante que el aprenda a conocerse, a notar sensaciones y a escucharse. Su feedback és el grado más alto de comunicación entre entrenador y deportista.

Finalmente, nuestro mayor objetivo es alargar al máximo la vida del deportista. Intentar que siempre esté competitivamente activo, porque la lesión es el fin de la progresión, es volver a empezar, es retardar el rendimiento.